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La luz de los otros

 

La luz de los otros:

Sobre el tiempo

Sobre la felicidad



Anoche soñé que despertaba.

Mi sobrino, que ahora es un bebé de cinco meses, ya empezaba a hablar y se veía cambiado. Mi hermana me dijo: No es Izan, es su tercer hermano.

De repente, mamá lucía un pelo más claro y avetado y la dulzura de su rostro se veía aumentada con los caminos de la edad.

Yo era la misma, con las mismas ganas y las mismas canas. Acudí a los lugares habituales, todo era distinto. Mi amiga me habló como si todo fuera igual y de repente lo entendí, era un momento de lucidez en aquella vida donde la enfermedad me hacía el olvido, y ella intentaba hacérmelo llevadero.

Ayer escuché que las personas que tratamos con cariño y cercanía a los demás, es porque bien sabemos lo que es sufrir la soledad o la incomprensión.  

Supongo que sueños así, no son más que una representación de lo que muchos sentimos actualmente y a mediana edad. Sentir que se desaprovecha el tiempo, que no se exprime lo suficiente o que al menos, la alegría es vencida por la apatía o la tristeza.

 

¿Realmente puede alguien ser feliz durante mucho tiempo?, ¿es la felicidad un momento pasajero? ¿se puede llamar felicidad a una rutina sin problemas, sin más?, ¿durante cuánto tiempo aguanta una optimista y alegre personalidad cuando las penurias son constantes?

Siempre me pareció mediocre una vida sin alegría, sin ilusiones; una vida sin objetivos.

Después de la pandemia, he visto cómo todo esto de lo que aquí hablo, lo sufren muchos allegados míos, el porqué, el para qué… Y si hablas con terapeutas, el desborde que tienen es impactante.

A veces digo: la edad aplaca, la edad calma… Pero, sin embargo, también se nos aplaca y obliga a calmar. Por mucho que uno intrínsecamente sea de carácter activo, alegre, entusiasta… Quién no se deprime al ver cómo está el mundo.

Una de mis maestras decía que esto siempre ha sido así: las injusticias, las enfermedades, los crímenes… Pero que ahora hay más luz para ver esa oscuridad y yo añado: y más medios para que lo oscuro se empodere con más oscuridad y que los demonios engrandezcan a otros demonios; hoy un pobre inocente por una paliza, ayer un parricidio, mañana ¡¿una cura para el cáncer?!…

Y con todo esto, nos empeñamos en vivir enfadados, decepcionados y hartos de todo. ¡Suertudos aquellos que seguimos vivos y tenemos quien nos quiera y a quien amar, que aún podemos decidir y hacer tanto, superarnos y arrancar de nuevo en vez de enfangarnos y quedar ahí!

Y es que los estados mentales son la peor de las enfermedades, donde a pesar de comprender todo esto, encerrados en nosotros mismos, no asimilamos y levantamos una sonrisa, un gesto cálido, unas palabras de atención por alguien que nos tienda la mano. 

Y desde aquí, el origen para lograr tantos pasos pesados.

Insisto, mirémonos menos el ombligo (sin perderlo nunca de vista, cuidado, eso sí) para ver los ojos de los demás y en su reflejo, la luz de la vida.


la felicidad

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